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Seguridad Sentida (1): la experiencia de la prevención.

Cultura Preventiva Osarten

Hay una pregunta que me acompaña desde hace años. Me ha surgido en fábricas, oficinas, talleres y almacenes. La he encontrado detrás de grandes logros preventivos, y también detrás de muchos silencios.

¿Qué hace que una persona quiera cuidarse, cuidar y actuar?

Las personas no respondemos igual ante las mismas situaciones.

He visto operarios detener una tarea porque algo no les encajaba. He visto compañeros acercarse a otro porque intuían que no estaba bien. He visto personas levantar la mano para advertir de un riesgo que nadie más había visto.

Y también he visto lo contrario.

Personas que detectaban un problema y no decían nada. Equipos que habían dejado de participar. Profesionales comprometidos que, con el tiempo, se limitaban a cumplir.

Durante mucho tiempo hemos intentado comprender estas diferencias observando lo que las personas hacen. Y tiene sentido. Así, la prevención ha aprendido a observar comportamientos. A investigar errores. A analizar decisiones. A diseñar procedimientos. A gestionar riesgos.

Gracias a ello, hoy trabajamos en entornos más seguros y contamos con organizaciones mucho mejor preparadas para afrontar los desafíos de la seguridad y salud en el trabajo.

Pero cada vez estoy más convencida de que para comprender algunas conductas necesitamos mirar también aquello que las personas viven.

Porque las personas no respondemos únicamente a normas o procedimientos. También respondemos a significados. A experiencias. A señales que interpretamos continuamente mientras trabajamos.

Y es aquí donde aparece una idea sencilla, pero profundamente transformadora.

Las personas no trabajamos dentro de la organización que existe. Trabajamos dentro de la organización que percibimos.

Y ambas no siempre coinciden. 

Porque la organización puede ser una. La experiencia, no.

Dos personas pueden compartir el mismo entorno de trabajo, los mismos procedimientos, los mismos responsables y las mismas condiciones. Y, sin embargo, vivir organizaciones completamente diferentes.

Porque una percibe apoyo cuando surge una dificultad. Y  otra siente que está sola. Una percibe coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y otra no. Una siente que su voz cuenta. Y otra ha dejado de creer que merece la pena hablar. Y aquí aparece una idea fundamental.

La percepción no es una opinión sobre la realidad. Para las personas, la percepción es la realidad sobre la que toman decisiones.

Las personas decidimos participar o no participar. Intervenir o permanecer en silencio. Confiar o desconfiar. Implicarnos o limitarnos a cumplir. No en función de la realidad objetiva que describe un informe, sino en función de la realidad que percibimos cada día.

La Cultura Preventiva también se vive

A menudo hablamos de cultura preventiva como si fuera algo que pudiera diseñarse, implantarse o medirse. Y, sin duda, una parte de ella puede hacerse visible a través de sistemas, indicadores o auditorías. Pero la cultura también se vive.

La cultura preventiva no existe únicamente en lo que una organización declara. También existe en lo que las personas perciben, viven y sienten cada día.

Las personas interpretan conversaciones. Interpretan decisiones. Interpretan prioridades. Interpretan silencios. Y, a partir de esas experiencias cotidianas, construyen respuestas a preguntas que rara vez aparecen en un informe.

¿Importan realmente las personas?

¿Importa realmente la seguridad?

¿Importa mi opinión?

¿Merece la pena implicarme?

La respuesta a estas preguntas no se construye en una presentación. Ni en una campaña. Ni en un cartel. Se construye en la experiencia cotidiana.

En la reunión en la que alguien escucha. En la conversación en la que alguien responde. En la decisión que demuestra coherencia. En el apoyo que aparece cuando surge una dificultad. Por eso creo que una parte importante del futuro de la prevención pasa por comprender mejor cómo viven las personas la organización que hemos construido.

Seguridad, Salud y Bienestar

Cada vez me resulta más difícil separar completamente Seguridad, Salud y Bienestar. Aunque tradicionalmente las hemos abordado como ámbitos diferentes, las tres se ven profundamente influidas por la experiencia que las personas viven dentro de la organización. Y esa experiencia influye simultáneamente en cómo nos cuidamos, cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos con los riesgos.

Una persona puede trabajar sin accidentes y sentirse agotada.

Puede conocer perfectamente los riesgos y sentirse libre para hablar de ellos y, aun así, decidir no hacerlo porque ha dejado de creer que servirá para algo.

Puede estar presente en el trabajo y haber dejado de sentirse parte de lo que ocurre a su alrededor.

Y quizá ahí encontremos una de las conversaciones más relevantes para el futuro de nuestras organizaciones.

No solo cómo gestionamos los riesgos. También cómo generamos experiencias de cuidado, confianza y compromiso que las personas realmente perciban.

Porque las organizaciones pueden implantar procedimientos, campañas, sistemas y herramientas. Pero la pregunta sigue siendo la misma:

¿Cómo experimentan las personas el cuidado, la confianza y el compromiso preventivo en su organización?

Cuando la Seguridad se siente

Con el tiempo he llegado a pensar que existe una forma de describir esa experiencia.

La llamo Seguridad Sentida. No es únicamente un concepto.

Es una forma de observar, comprender y desarrollar la cultura preventiva desde la experiencia que viven las personas.

La Seguridad Sentida es la percepción compartida de cuidado, coherencia y protección presente en una organización que hace que las personas sientan que merece la pena cuidarse, cuidar a los demás y actuar de forma responsable para construir juntos entornos de trabajo más seguros, saludables y humanos.

Durante años nos hemos preguntado cómo conseguir que las personas cumplan. Después nos hemos preguntado cómo conseguir que participen.

Quizá la siguiente pregunta sea otra.

¿Qué hace que las personas quieran cuidarse, cuidar y actuar?

Tal vez ahí se encuentre una de las claves de las organizaciones más seguras, saludables y sostenibles del futuro.

Porque las personas no se comprometen profundamente con aquello que simplemente entienden. Se comprometen con aquello que viven. Con aquello que experimentan cada día.

Con aquello que les hace sentir que merece la pena implicarse.

Quizá el futuro de la prevención no consista únicamente en gestionar mejor los riesgos. Quizá consista también en comprender y cuidar las experiencias que influyen en cómo las personas perciben la organización en la que trabajan.

Porque cuando las personas perciben cuidado, coherencia y protección, ocurre algo importante. La prevención deja de ser algo que la organización pide y empieza a convertirse en algo que las personas eligen.

 

 

En Osarten ayudamos a las organizaciones a construir culturas donde las personas sienten que merece la pena cuidarse, cuidar y actuar.

Si te interesa profundizar en este enfoque o conocer cómo trabajamos, estaremos encantados de conversar contigo.

Igor López
iglopez@osarten.com | 619 288 048

Patricia González
pgonzalez@osarten.com | 634 855 245

 

Imágenes: Pixabay & Canva

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  1. […] el artículo anterior proponía una idea que ha ido tomando forma a lo largo de muchos años de trabajo con […]

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