El «personaje» en el trabajo: cuando “todo parece estar bien” pero algo no encaja
Introducción a la serie: “Menos personaje, más persona”
En nuestro día a día en el trabajo, todos/as tenemos roles y responsabilidades que cumplir. Pero ¿alguna vez has sentido que cumples con todo y, aun así, algo dentro de ti no encaja del todo? Esa sensación de vacío, agotamiento silencioso o desconexión muchas veces tiene su origen en algo que no solemos mirar: el “personaje” que usamos para funcionar. Y esto afecta a nuestro bienestar.
Éste concepto del «personaje» surge a partir del trabajo del trabajo desarrollado por Antonio Blay (1), basado en su propia experimentación. Nos dice Blay que se trata de una estructura psicológica aprendida fundamentalmente en la infancia. Una estructura mental basada en creencias, patrones, normas internas, desarrolladas desde nuestra infancia para adaptarnos al modelo social y familiar imperante.
Una especie de máscara que desarrollamos para adaptarnos, protegernos, ser aceptados y obtener reconocimiento, pero que no es el yo auténtico. De esto ya hablaré más adelante.
El problema no es haber construido un «personaje», pues todos/as lo hacemos, sino identificarse con esa estructura mental que representa hasta el punto de vivir “desde” él, creyendo que eso es lo que uno/a es, y por tanto sin cuestionarlo.
Si trasladamos este concepto al mundo del trabajo y las organizaciones, se vuelve especialmente claro por qué pueden aparecer insatisfacción, conflictos ,desgaste y malestar ,en lugar de satisfacción y bienestar.
Voy a compartir una serie de posts cuyo bajo el título genérico es “Menos personaje, más persona”, aunque cada uno tenga su título particular. En ellos pretendo explorar cómo este «personaje» que todos tenemos se manifiesta en el trabajo. Cómo puede convertirse en identidad, y cómo influye en los conflictos, en la cultura organizacional y, lo más importante, cómo podemos prevenir el desgaste silencioso al que nos lleva, y recuperar la presencia de la persona que somos detrás de él y del rol que tengamos en el trabajo.
Te invito a acompañarme en este recorrido. A cuestionar qué máscaras sostenemos. y a descubrir cómo crear espacios donde la persona, y no solo el «personaje» pueda mostrarse, aprender y desarrollarse con bienestar.
El «personaje» en el trabajo: cuando “todo parece estar bien” pero algo no encaja
Este post forma parte de la serie “Menos personaje, más persona”
Hay momentos en los que vas a tu trabajo, cumples con tus responsabilidades, respondes correos, participas en reuniones… y aun así te sientes agotado/a. No es un cansancio físico extremo, ni hay un conflicto abierto. Desde fuera, todo parece ir bien. Pero algo no encaja.
Recuerdo una época en la que participaba en un proyecto en el que todo funcionaba: los plazos se cumplían, el equipo respondía, los objetivos se alcanzaban… y aun así yo llegaba a casa con una sensación de vacío, como si hubiera estado actuando más que trabajando. No entendía qué me pasaba. Fue entonces cuando empecé a notar que estaba viviendo desde un «personaje», desde una necesidad soterrada de sostener imagen, para ser aceptado y reconocido en el equipo, sufriendo si no lo conseguía. No estaba desde la tranquilidad, la seguridad y la confianza de mi presencia real y auténtica. Lo que yo soy, y todos somos, en realidad.
El «personaje»: una idea incómoda, pero esclarecedora
El problema con el «personaje», que hemos desarrollado desde nuestra infancia, se da cuando nos identificamos con él. Cuando creemos que somos esa estructura mental, que nos da la identidad. Y en el trabajo, esto ocurre con gran facilidad.
El trabajo organiza roles… y personalidades
El entorno laboral enseña rápidamente lo que se espera, no solo técnicamente, sino emocional y relacionalmente de nosotros/as. De manera que aprendemos:
- si podemos mostrar duda o vulnerabilidad,
- si equivocarse tiene coste,
- si pedir ayuda es aceptable,
- qué parte de nosotros/as mismos/as podemos mostrar y cuál debemos callar.
Yo he hecho muchas cosas pensando en que era lo que debía hacer porque creía que era lo que se esperaba de mí, más que por lo que realmente sentía. Por ejemplo decirle a alguien algo que yo no sentía, para dar una imagen de cumplidor, responsable, etc. algo dentro de mí me decía que lo tenía que hacer, para ser reconocido.
Esa mezcla de obligación y autoexigencia es el ejemplo perfecto de cómo el «personaje» se adueña del espacio de la persona.
Cuando el «personaje» empieza a mandar
Al principio, el «personaje» parece que ayuda. Permite encajar y sentirse válido. Pero con el tiempo, se convierte en obligación. Y ya:
- No puedo fallar.
- No puedo mostrar dudas.
- No puedo parar.
Muchas veces no sabemos identificar esta sensación. Solo sentimos cansancio persistente, falta de ilusión, desconexión, insatisfacción.
Prevención también es mirar aquí
En prevención y cultura organizacional solemos enfocarnos en procesos y comportamientos. Pero quizá necesitamos mirar qué tipo de «personajes» estamos reforzando sin darnos cuenta.
Porque una organización puede ser “perfecta” técnicamente y, aun así, desgastar a sus personas silenciosamente, afectando a su bienestar.
Cuando te pones en “modo trabajo”, ¿Qué versión de ti aparece… y cuál se queda fuera?
Referencias
1 Antonio Blay Fontcuberta (Barcelona, 1924-1985) fue un psicólogo , pionero de la psicología transpersonal. Desarrolló un método práctico que permite redescubrir y experimentar personalmente la identidad profunda de la persona, sin necesidad de hacer referencia a teoría o creencia alguna.








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