Martín Silva: una vida dedicada a que las personas vuelvan a su casa
Hay personas que dejan huella por lo que saben. Y hay otras, mucho menos frecuentes, que dejan huella por cómo hacen sentir a quienes aprenden, trabajan o simplemente coinciden con ellas.
Para muchos profesionales de la Seguridad y Salud Laboral, Martín Silva pertenece claramente al segundo grupo. Mañana, 18 de junio será su último día de trabajo tras toda una vida profesional dedicada a la prevención, la cultura preventiva y, en el fondo, a algo mucho más importante: ayudar a que las personas vuelvan a casa después de su jornada de trabajo.
Mucho antes de que habláramos de cultura preventiva, liderazgo preventivo, seguridad psicológica o aprendizaje organizacional, él ya transmitía una idea sencilla pero poderosa: la prevención no va de papeles, ni de indicadores, ni de cumplir expedientes. Va de personas. Va de cuidar la vida cotidiana de quienes trabajan. Va de entender que detrás de cada proceso hay alguien que quiere regresar a casa con su familia.
Quienes hemos tenido la suerte de conocerle sabemos que su aportación a la seguridad y salud en el trabajo va mucho más allá de los cargos ocupados, de los proyectos desarrollados o de su extensa trayectoria profesional.
Porque hay profesionales que transmiten conocimiento. Y hay otros que, además, dejan una manera distinta de entender la profesión.
Un recorrido profesional al servicio de la prevención
Hablar de la trayectoria profesional de Martín es, en gran medida, recorrer también parte de la evolución de la prevención en nuestro entorno durante las últimas décadas.
Su carrera ha estado estrechamente vinculada al ámbito de la seguridad y salud laboral. Pero, como decía antes, reducir su trayectoria únicamente a cargos o funciones sería quedarse corto.
Porque Martín ha pertenecido a esa generación de profesionales que ayudó a construir una visión más moderna y más humana de la prevención en un momento en el que todavía predominaban enfoques mucho más centrados exclusivamente en la técnica o en el cumplimiento normativo. Y nos formó a las personas que nos incorporábamos al mundo laboral a dar sentido al contenido de la Ley 31/1995. (Martín, te jubilas y te vas a “perder” las “apasionantes” novedades de la revisión de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales).
Recuerdo sus primeras clases: con el IVAS, Identificación, Valoración, Acciones, Seguimiento… Otro recuerdo que tengo de él es que fue la primera persona que me habló del Control Total de Pérdidas.

Mucho más que prevención
Con el paso de los años uno aprende a distinguir a quienes simplemente explican contenidos de quienes realmente consiguen transformar la mirada de sus alumnos. Martín pertenecía claramente a este segundo grupo.
Mucho antes de que conceptos como cultura preventiva, liderazgo consciente, aprendizaje organizacional o seguridad psicológica ocuparan espacio en congresos y publicaciones, él ya insistía en una idea esencial: la prevención no consiste únicamente en evitar daños. Consiste en cuidar personas.
Puede parecer una afirmación sencilla. Pero en una profesión donde con demasiada frecuencia el foco termina desplazándose hacia el cumplimiento documental, los indicadores o la burocracia, mantener viva esa perspectiva humana requiere convicción, coherencia y una enorme honestidad profesional.
Martín siempre representó eso.

Una manera diferente de entender la seguridad y salud
Al salir terminar el master nuestras vidas se separaron, hasta que nos reencontramos hace ya unos años en Osarten.
A lo largo de este tiempo, Martín ha contribuido a impulsar una visión de la prevención más madura, más humana y más conectada con la realidad de las organizaciones y de las personas que trabajan en ellas.
Una visión donde la cultura preventiva no se impone, sino que se construye. Donde escuchar es tan importante como instruir. Donde el liderazgo preventivo no se mide por discursos, sino por comportamientos cotidianos.
Y donde la seguridad deja de entenderse únicamente como ausencia de accidentes para convertirse en una forma de cuidar el trabajo, las relaciones y el bienestar de las personas.
Quienes hemos compartido conversaciones, formación o experiencias profesionales con él sabemos que muchas veces las aportaciones más valiosas no aparecían necesariamente en una diapositiva. Surgían en los matices. En las preguntas. En la capacidad de conectar la prevención con la realidad humana del trabajo.
El verdadero legado en prevención
Con frecuencia asociamos el legado profesional a grandes proyectos, reconocimientos o publicaciones. Pero quizá el legado más importante sea otro.
El de las personas a las que ayudamos a pensar de forma diferente.
El de los profesionales que, años después, siguen aplicando ideas, enfoques o valores aprendidos casi sin darse cuenta.
El de contribuir a construir culturas de trabajo donde las personas se sientan más cuidadas, más escuchadas y más seguras.
Ese tipo de impacto rara vez aparece en una memoria anual. Pero es probablemente el más importante.
Y Martín deja mucho de eso detrás de sí.
Porque algunas personas pasan por una profesión. Y otras ayudan a mejorarla para quienes vienen después.

Gracias, Martín
Quienes trabajamos en seguridad y salud laboral sabemos que todavía quedan enormes retos por delante.
Seguimos necesitando organizaciones más humanas. Liderazgos más coherentes. Y culturas que vayan más allá del cumplimiento formal.
Pero también sabemos que avanzar resulta más fácil cuando antes hubo personas que ayudaron a abrir camino.
Martín ha sido una de ellas. Sólo nos queda recoger el testigo.
Por eso, más allá de una jubilación y desearle todo lo mejor en esta nueva etapa, este momento también es una oportunidad para reconocer a la persona y su trayectoria profesional construida desde el compromiso, la coherencia y el propósito.
Gracias, Martín.
Por enseñar.
Por inspirar.
Por tu cercanía.
Por tu manera de entender la prevención.
Y, sobre todo, gracias por haber dedicado toda una vida profesional a algo tan importante como ayudar a que las personas vuelvan a sus casas después de su jornada de trabajo.





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