¿Es posible trabajar sin estar en el “personaje”?
Post 5 de la serie “Menos personaje, más persona”
Después de recorrer en los últimos post, cómo se construye el “personaje”, cómo el rol puede confundirse con la identidad, cómo el cuerpo empieza a expresar el desgaste y cómo la cultura organizacional puede reforzar el «personaje», puede surgir una pregunta:
¿Es posible desarrollar nuestra vida profesional sin estar tan identificado con el “personaje”?
Es decir, sin esa estructura mental inconsciente, que nos plantea la vida personal y laboral, en términos supervivencia, y por tanto de adaptación a los sistemas para poder sobrevivir e incluso prosperar. Como cuando éramos pequeños/as, y no podíamos ser cómo éramos sino, que teníamos que ser lo que el sistema familiar y social pedía.
Es complejo y a la vez sencillo. Se trata de estar presente, en lugar de en un mundo mental manejado por el “personaje”, y por tanto acceder a otro nivel de conciencia que nos ayuda a des identificarnos de ese “personaje”, autoconstruido, y deja surgir nuestro auténtico potencial, es decir lo que somos.
El rol y la identidad
La definición de roles y funciones profesionales en una organización es necesaria. Ordena, estructura, permite que la organización funcione de una forma coordinada. Y lo responsable es que cada cual se comprometa a desempeñar su función. El problema del que vengo hablando se da cuando esa función deja de ser algo que ejercemos y pasa a definir lo que somos, es decir, a convertirse en un “personaje” laboral.
Esto suele ocurrir, cómo ya hemos visto en post anteriores, de forma imperceptible, ya que es muy inconsciente. Comienza a construirse en la mente una película en la que la se pueden dar diferentes tramas como la que nos cuenta que la responsabilidad empieza a convertirse en una autoexigencia que no admite error.
También la que película cuyo guion mental dice que liderar deja de ser mostrase con honestidad ante las personas, para convertirse en la obligación de mostrarse siempre firme, seguro, infalible. O aquella en la que comprometerse ya no es implicarse y aportar, sino tener que demostrar permanentemente que se ha de poder con todo, porque en esta película mental eso significa demostrar el compromiso.
En ese desplazamiento hacia una interpretación mental de lo que debe ser el rol, “un personaje “, este se vuelve también, la identidad laboral. Cuando esto es así, los niveles de autoexigencia se elevan, y para que la película deje de ser dramática, la identidad depende del desempeño impecable, cualquier fallo se vive como una amenaza personal. El reconocimiento empieza a confundirse con resistencia, y poner un límite puede activar una culpa difícil de explicar.
Lo que realmente acaba desgastando es la energía que se tiene que dedicar a sostener una imagen que esté a la altura de lo que el “personaje” considera necesario para cumplir las expectativas externas. Esto ineludiblemente lleva a sufrir de diversas maneras. Y todo esto en lugar de poner la energía al servicio del trabajo y del bien común, sintiéndonos con mayor plenitud, y realización.
Honestidad, integridad y coherencia como alternativa
Trabajar conectados con nosotros/as mismos, y no desde el «personaje» no significa reducir el nivel de responsabilidad, exigencia o compromiso. Significa que nuestro bienestar no dependa exclusivamente del rendimiento , o de tener que ocular dudas , asumir cargas ilimitadas y desaparecer como persona.
Cuando ejercemos el rol desde la honestidad, integridad y coherencia, la energía interior cambia. Porque está sostenida por la coherencia entre lo que se hace y lo que se es. La responsabilidad sigue presente, pero deja de estar atravesada por la tensión constante de tener que demostrar.
Ese cambio no suele ser inmediato, ya que en el proceso aparece el miedo. ¿Miedo a qué? A pensar que vas a no ser percibido/a como competente. Seguramente a que el reconocimiento disminuya, y finalmente a quedar fuera del sistema. Es lógico que ese miedo aparezca, ya que durante mucho tiempo el “personaje” te ofreció pertenencia, si seguías sus dictados. Aunque no se haya conseguido del todo, continúa prometiéndotelo. Es persistente.
El papel del entorno laboral
El entorno es clave. Es difícil que se haga un cambio interno y se sostenga si el contexto penaliza a la persona frente al «personaje». Por ejemplo, si el entorno reacciona con desacreditación hacia las dudas, da valor a la tendencia a saltarse el descanso para responder a demandas. o si está mal visto poner límites o expresar dificultades para satisfacer necesidades. En entornos así, el sistema lo que está diciendo es que quiere el «personaje» y no la persona.
Por eso la posibilidad real de poder trabajar con mayor autenticidad no es solo una cuestión individual, sino que es algo cultural en una organización. Si esta apuesta de forma genuina por el bienestar, eso favorece que se cree un entrono donde la exigencia puede convivir con la condición humana, donde la competencia no se mide por la resistencia y donde la vulnerabilidad no se interpreta como debilidad. Las personas pueden soltar su “personaje” laboral, ya no es imprescindible para sobrevivir, y pueden ser ellas mismas.
Hace muy poco una persona muy cercana a mí me contaba que acababa de cambiar de departamento en una organización muy grande. Sus palabras textuales al hablar sobre el cambio eran : «Ahora puedo ser yo misma». Puede expresarme y me escuchan. Puedo tener iniciativa. Me tienen en cuenta.
Participo. Hay un buen ambiente. Antes tenía que resignarme a no decir lo que pensaba abiertamente, no podía plantear cambios, me sentía comprimida, impotente. Cada vez más desconectada del trabajo, triste y con mucho desgaste.
Autorreflexión
Termino con una pregunta para la autorreflexión. En tu día a día profesional, ¿Cuánta de tu energía está genuinamente al servicio de tu trabajo, y del bien común… y cuánta destinas a sostener una imagen que te ayuda a tener un lugar, porque cumples el modelo cultural imperante. Por ejemplo demostrar que puedes con todo, recibir reconocimiento, seguir la corriente, no llamar la atención o lo contrario, no crear problemas, etc.)?
Te invitó a que des una respuesta respuesta. Por supuesto aunque íntima y silenciosa. Solo eso, puede marcar el inicio de un cambio.
En Osarten podemos acompañarte en el proceso de desarrollar la cultura del bienestar que apoye a que las personas puedan ser auténticas.. Si quieres más información no dudes en contactar con mi compañero Igor López (619288048; iglopez@osarten.com) o conmigo mismo Martín Silva (674966441; msilva@osarten.com).
Referencias de post anteriores de la series: «Menos personaje, más persona»
El «personaje» en el trabajo: cuando “todo parece estar bien” pero algo no encaja
Cuando el rol se convierte en identidad: el coste invisible de “ser profesional”
Cuando el cuerpo pasa factura: cansancio, vacío y desconexión en el trabajo
Cuando la organización refuerza el “personaje”: cultura, liderazgo y desgaste
Imagen de portada diseñada por Freepik (www.freepik.es)


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