La cultura preventiva suele asociarse a entornos industriales o tareas con riesgos evidentes. Sin embargo, las oficinas también generan riesgos que influyen en la salud, el bienestar y el rendimiento. Construir cultura preventiva en estos espacios exige aprender a reconocer peligros que muchas veces pasan desapercibidos. Leer más
Post 5 de la serie “Menos personaje, más persona”
Después de recorrer en los últimos post, cómo se construye el “personaje”, cómo el rol puede confundirse con la identidad, cómo el cuerpo empieza a expresar el desgaste y cómo la cultura organizacional puede reforzar el «personaje», puede surgir una pregunta:
¿Es posible desarrollar nuestra vida profesional sin estar tan identificado con el “personaje”?
Es decir, sin esa estructura mental inconsciente, que nos plantea la vida personal y laboral, en términos supervivencia, y por tanto de adaptación a los sistemas para poder sobrevivir e incluso prosperar. Como cuando éramos pequeños/as, y no podíamos ser cómo éramos sino, que teníamos que ser lo que el sistema familiar y social pedía.
Es complejo y a la vez sencillo. Se trata de estar presente, en lugar de en un mundo mental manejado por el “personaje”, y por tanto acceder a otro nivel de conciencia que nos ayuda a des identificarnos de ese “personaje”, autoconstruido, y deja surgir nuestro auténtico potencial, es decir lo que somos. Leer más
Este post forma parte de la serie “Menos personaje, más persona”
A lo largo de los posts anteriores he hablado del “personaje” como una estructura mental que cada persona va construyendo para adaptarse, encajar y responder a lo que el entorno espera. Hemos visto cómo el rol en él trabajo, también puede estar construido desde el “personaje” y puede haber una identificación con él. Y cómo, cuando esa identificación se sostiene en el tiempo, el cuerpo acaba enviando señales en forma de cansancio, vacío o desconexión.
Pero hay algo que conviene mirar con más amplitud: el personaje no se mantiene solo. El contexto organizacional también lo moldea, lo refuerza y, muchas veces sin pretenderlo, lo necesita. Leer más
Este post forma parte de la serie “Menos personaje, más persona”
Hay un momento en el que el “personaje” ya no se sostiene solo mentalmente. Empieza a manifestar sus consecuencias en el cuerpo. En la energía. En las ganas. En la forma en que uno se levanta por la mañana para ir a trabajar, y en la que termina su jornada.
No suele ser un colapso físico, energético y emocional repentino, y evidente. Es algo más sutil. Más silencioso.
Un cansancio que no se termina de ir con el descanso.
Una sensación de vacío, que es difícil de explicar.
Una desconexión progresiva de lo que antes motivaba.
Y muchas veces no sabemos ponerle nombre.
En los dos primeros posts hablaba del “personaje” y de cómo el rol puede convertirse en identidad. Hoy voy a profundizar en qué ocurre cuando esa identificación con el “personaje” a través del rol profesional, se mantiene en el tiempo. Porque el cuerpo, antes o después, habla. Esto lo sabemos. Leer más
Este post forma parte de la serie “Menos personaje, más persona”
En el primer post hablaba de esa sensación difícil de explicar, pero fácil de reconocer: cumplir, rendir, responder… y aun así sentir un cansancio que no se va, una desconexión interna, una especie de vacío silencioso. Y apuntaba al concepto del “personaje” de cada uno/a, como una posible clave.
En este post quiero ir un poco más allá.
Porque hay un punto en el que el “personaje” ya no es solo una máscara funcional para adaptarnos al trabajo a través del rol que tenemos. Hay un momento —casi siempre imperceptible— en el que el rol , que sería la puesta en escena del “personaje” en el entorno laboral, deja de ser algo que hacemos y empieza a ser lo que somos, nuestra propia identidad.
Y ahí, sin darnos cuenta, entramos en un terreno mucho más delicado. Leer más
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