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Liderazgo transformacional y disfunciones del equipo: entre la intención y la realidad operativa

Cultura Preventiva Osarten

En muchas organizaciones, el liderazgo transformacional forma parte del lenguaje habitual. Está en presentaciones, en modelos de competencias, en programas de desarrollo. Se habla de empoderar a las personas, generar compromiso e impulsar equipos de alto rendimiento.

Sin embargo, cuando se observa el funcionamiento real de algunos equipos, aparece una cierta disonancia.  Existen equipos donde las decisiones se ralentizan innecesariamente, las conversaciones relevantes no ocurren y los problemas se conocen… pero no se abordan.

Esto plantea una cuestión más estructural que retórica: ¿Hasta qué punto el liderazgo transformacional se está traduciendo en prácticas reales dentro de los equipos?

No es un problema de definición

El concepto de liderazgo transformacional está bien descrito. No suele haber confusión teórica. El problema aparece en la implementación, porque transformar un equipo no consiste únicamente en:

  • comunicar una visión,
  • motivar,
  • generar buen clima.

Implica intervenir en dinámicas que, en muchos casos, llevan tiempo instaladas:

  • cómo se toman decisiones,
  • cómo se gestiona el error,
  • cómo se distribuye el poder real,
  • cómo se manejan los desacuerdos.

Y aquí es donde empiezan a aparecer las disfunciones.

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Disfunciones: señales del sistema, no del individuo

Cuando un equipo no alcanza el nivel esperado, es frecuente atribuirlo a factores individuales como falta de actitud, baja implicación o resistencia.

Sin embargo, en entornos organizativos complejos, las disfunciones suelen tener un origen sistémico. En este punto resulta útil el marco propuesto por Patrick Lencioni en The Five Dysfunctions of a Team, donde plantea que los problemas de los equipos no son independientes, sino que siguen una lógica acumulativa. No aparecen de forma aislada. Se encadenan.

Una secuencia reconocible

El modelo de Lencioni describe cinco niveles de disfunción. No como categorías teóricas, sino como dinámicas observables.

1. Ausencia de confianza

No se trata de confianza “relacional”, sino operativa: reconocer errores, pedir ayuda o admitir limitaciones.

Cuando esto no ocurre, las personas invierten energía en proteger su posición.

2. Miedo al conflicto

Sin confianza, el desacuerdo se percibe como amenaza. El equipo evita confrontar ideas y aparecen reuniones superficiales, decisiones poco contrastadas o tensiones latentes.

3. Falta de compromiso

Si no hay debate real, el compromiso se debilita. Las decisiones se aceptan… pero no se asumen.

Aparece ambigüedad, en forma de prioridades poco claras, interpretaciones diferentes o una ejecución inconsistente.

4. Evitación de la responsabilidad

Cuando el compromiso es bajo, exigir resultados se vuelve incómodo. Se toleran desviaciones. Nadie quiere señalar a otros… ni exponerse.

5. Falta de atención a resultados colectivos

Finalmente, el foco se desplaza hacia objetivos individuales, intereses del área o métricas parciales. Aquí es donde el equipo deja de funcionar como tal.

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El vínculo con el liderazgo transformacional

El modelo de Lencioni no habla explícitamente de liderazgo transformacional, pero la conexión es directa, porque cada una de estas disfunciones está influida por el comportamiento del liderazgo.

No por lo que el líder declara. Sino por lo que permite, refuerza o evita.

Existen algunas relaciones clave entre las disfunciones y el liderazgo:

  • Si no hay confianza… ¿el líder muestra vulnerabilidad?
  • Si no hay conflicto… ¿se invita realmente a la discrepancia?
  • Si no hay compromiso… ¿se clarifican las decisiones?
  • Si no hay responsabilidad… ¿se hace seguimiento?
  • Si no hay foco en resultados… ¿qué se está priorizando?

Cuando la intención no es suficiente

Un patrón frecuente en entornos que “aspiran” a liderazgo transformacional es este:

  • se promueve autonomía… pero se corrige constantemente,
  • se pide participación… pero no se incorpora,
  • se habla de equipo… pero se evalúa individualmente.

No suele ser una cuestión de falta de voluntad. Suele ser una cuestión de incoherencia operativa y los equipos son especialmente sensibles a esa incoherencia. Aprenden rápido qué comportamientos son seguros… y cuáles no.

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Seguridad psicológica y exigencia

El primer nivel del modelo de Lencioni, la confianza, conecta directamente con la seguridad psicológica. Sin ella, no hay base para el resto. Pero quedarse ahí es insuficiente.

Un equipo puede tener confianza… y seguir siendo poco eficaz. Por eso, el liderazgo transformacional requiere añadir otra dimensión: exigencia sostenida sobre resultados y comportamientos.

El equilibrio es delicado: demasiada seguridad sin exigencia puede llevar a la complacencia y demasiada exigencia sin seguridad puede conducir al  bloqueo.

El liderazgo como sistema de refuerzo

Más allá de estilos o competencias, el liderazgo actúa como un sistema de refuerzo continuo. Define, de forma implícita:

  • qué se puede decir,
  • qué se debe evitar,
  • qué tiene consecuencias.

Por ejemplo:

  • si el error se penaliza la consecuencia es que  se oculta,
  • si el conflicto incomoda lo habitual es que se evita,
  • si el seguimiento es laxo el efecto es que la responsabilidad se diluye.

No hace falta formalizar estas reglas. El equipo las aprende observando.

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Intervenir en las disfunciones: foco en lo concreto

Abordar estas dinámicas no requiere necesariamente grandes transformaciones. Pero sí exige intervenir en prácticas específicas.

Ejemplos de algunas palancas para intervenir:

Claridad en decisiones

Definir quién decide, cómo y cuándo.

Espacios de debate real

No solo informar, sino contrastar.

Seguimiento explícito

Lo que no se revisa, se degrada.

Coherencia en reconocimiento

Valorar comportamientos alineados con el equipo, no solo resultados individuales.

Una cuestión final

El modelo de Patrick Lencioni tiene una ventaja: simplifica sin trivializar. Permite identificar con rapidez dónde puede estar fallando un equipo. Pero también introduce una exigencia implícita: no basta con diagnosticar, hay que revisar el contexto que mantiene esas disfunciones.

Por eso, la pregunta relevante no es: ¿Qué le pasa a este equipo?

Sino algo más incómodo: ¿Qué estamos haciendo, o dejando de hacer, para que estas dinámicas sigan existiendo?

Porque mientras no se intervenga ahí, el liderazgo transformacional seguirá siendo una intención. Y las disfunciones, una consecuencia previsible.

Imágenes: pixabay

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