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Mirar adelante. Arizmendiarrieta, trabajo y cultura preventiva 50 años después (1): Las personas en el centro. ¿Seguro?

Osarten Cultura Preventiva

“Las personas son lo más importante”. “Ponemos a las personas en el centro”. “Las personas, nuestro principal activo”. ¿Cuántas veces has escuchado alguna de estas frases? Yo unas cuantas veces, bastantes veces, muchas veces. Tanto en empresas cooperativas como no cooperativas.

Aparecen en planes estratégicos, políticas, presentaciones corporativas, memorias de sostenibilidad, convenciones de empresa… y, por supuesto, también cuando hablamos de seguridad, salud y bienestar en el trabajo. Y seguramente todas ellas se dicen con buena intención.

Pero hay una pregunta que me parece más interesante:

¿Qué significa realmente poner a las personas en el centro?

Porque una cosa es escribirlo en una política y otra bastante diferente es comprobar qué ocurre cuando tenemos que tomar una decisión complicada: entregar un pedido, cubrir una ausencia, comprar una máquina, reducir costes, modificar un proceso o cumplir un plazo que se nos ha echado encima.

Ahí es donde se descubre qué ocupa realmente el centro.

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Mirar adelante 50 años después

Este año se cumplen 50 años del fallecimiento de José María Arizmendiarrieta, impulsor de la Experiencia Cooperativa de Mondragón. Falleció el 29 de noviembre de 1976 y, con motivo de este aniversario, 2026 se está celebrando como el Arizmendiarrietaren Urtea – Año de la Empresa Humanista.

Durante los próximos posts quiero aprovechar esta conmemoración para hacer algo que creo que al propio Arizmendiarrieta le hubiera resultado más interesante que recordar su figura: intentar traer algunas de sus ideas al presente y preguntarnos qué nos pueden decir hoy sobre la seguridad, la salud, el bienestar y la cultura preventiva de nuestras organizaciones.

No se trata de afirmar que Arizmendiarrieta hablaba de “cultura preventiva”, “ISO 45001” o “integración de la PRL”. Sería poner en su boca conceptos que pertenecen a otro tiempo.

Se trata de mirar su forma de entender a la persona, el trabajo, la responsabilidad, la participación, la educación y la empresa y confrontarla con algunos de los problemas que seguimos teniendo en prevención.

Y para empezar, resulta difícil encontrar una máxima más clara:

“Primero persona y luego cooperativas”.

Así aparece resumido uno de los valores esenciales de su pensamiento en la recopilación de la Asociación Amigos de Arizmendiarrieta.

Primero persona. Parece sencillo. Pero tiene bastante más profundidad de lo que aparenta.

Poner a las personas en el centro no es protegerlas de la empresa

Durante muchos años hemos entendido buena parte de la prevención desde una lógica fundamentalmente protectora.

La organización diseña el trabajo y después intentamos proteger a las personas frente a los riesgos que ese trabajo genera.

  • Diseñamos una máquina y ponemos protecciones.
  • Definimos un proceso y escribimos un procedimiento seguro.
  • Establecemos unos ritmos y después gestionamos la fatiga.
  • Organizamos el trabajo y posteriormente evaluamos los riesgos psicosociales.
  • Compramos un producto y preguntamos a Prevención qué tenemos que hacer con él.
  • Contratamos un servicio y luego pensamos cómo coordinamos las actividades empresariales.

No digo que estas actuaciones no sean necesarias. Lo son. Lo que me pregunto es si poner verdaderamente a las personas en el centro no debería empezar un poco antes.

  • Antes de comprar.
  • Antes de diseñar.
  • Antes de contratar.
  • Antes de fijar el plazo.
  • Antes de cambiar el turno.
  • Antes de organizar el trabajo.

Ahí empieza, en mi opinión, una de las diferencias entre hacer prevención e integrar la prevención.

¿Dónde se crea realmente la seguridad?

Imaginemos que Compras tiene que seleccionar una nueva máquina. Puede valorar precio, productividad, plazo de entrega, mantenimiento, consumo energético, calidad… ¿Y seguridad y salud?

Imaginemos que Producción tiene que reorganizar un turno porque varias personas están ausentes. Puede valorar capacidad, polivalencias, volumen de pedidos, tiempos… ¿Y seguridad y salud?

Imaginemos que Ingeniería modifica un proceso. Recursos Humanos incorpora una persona. Mantenimiento retrasa una intervención. Comercial compromete un plazo. Dirección decide una inversión. En todas esas decisiones estamos haciendo algo más que gestionar producción, personas, mantenimiento, compras o negocio. También estamos creando condiciones de trabajo.

Por eso me gusta decir que una parte muy importante de la prevención ocurre en lugares donde probablemente no hay ningún técnico de prevención presente. Y eso es precisamente la integración.

La Ley de Prevención lleva años diciendo que la actividad preventiva debe integrarse en el sistema general de gestión de la empresa. Sin embargo, convertir ese principio en realidad sigue siendo uno de nuestros grandes retos.

Porque integrar no significa simplemente que cada departamento tenga asignadas unas funciones preventivas en un procedimiento.

Significa que cada persona sea capaz de reconocer cómo sus decisiones pueden afectar a la seguridad y salud propia y de los demás y actúe teniéndolo en cuenta.

No parece tan diferente de la visión de persona responsable y protagonista que encontramos en el pensamiento de Arizmendiarrieta.

Persona no significa únicamente destinataria

Aquí encuentro una conexión especialmente interesante con la Experiencia Cooperativa.

La participación no se plantea solamente como ser escuchado. Entre sus principios se encuentra la Participación en la Gestión, definida como la “implicación responsable de las personas en el ámbito de la gestión empresarial”.

Las palabras importantes son, en mi opinión, implicación responsable. Porque poner a una persona en el centro no significa convertirla únicamente en destinataria de cuidados. También significa reconocerla como alguien capaz de:

  • conocer;
  • opinar;
  • decidir;
  • aportar;
  • asumir responsabilidades;
  • aprender;
  • cuestionar;
  • mejorar el trabajo.

Arizmendiarrieta lo expresaba de otra manera:

“El signo de la madurez es la participación e integración en el quehacer colectivo”.

Jose María Arizmendiarrieta – Pensamiento nº 289.

Creo que esta idea tiene mucho que decirnos sobre prevención. A veces hablamos de participación cuando informamos a las personas sobre una decisión que ya hemos tomado. O cuando les pedimos que rellenen una encuesta. O cuando les dejamos un buzón para propuestas. O cuando el técnico pregunta durante una evaluación de riesgos.

Todo eso puede ser útil. Pero la participación adquiere otra dimensión cuando quienes realizan el trabajo tienen capacidad real para influir sobre cómo se realiza ese trabajo.

Porque normalmente la persona que opera una máquina sabe cosas que no aparecen en su manual. La persona que realiza un mantenimiento conoce dificultades que no aparecen en el procedimiento. Quien conduce una ruta sabe dónde se producen las presiones de tiempo. Quien atiende a clientes conoce situaciones emocionalmente difíciles que difícilmente aparecerán en una evaluación genérica. Y el mando conoce muchas de las tensiones que aparecen cada día entre lo planificado y lo posible.

Poner a esas personas en el centro también consiste en escuchar ese conocimiento y utilizarlo para diseñar mejor el trabajo.

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La prueba del algodón: cuando los objetivos entran en conflicto

Hablar de personas en el centro es relativamente sencillo cuando todo va bien. La prueba interesante llega cuando aparecen objetivos aparentemente contradictorios.

  • Producción y seguridad.
  • Plazo y descanso.
  • Coste e inversión preventiva.
  • Disponibilidad y mantenimiento.
  • Productividad y carga de trabajo.

Ahí descubrimos qué valores gobiernan realmente nuestras decisiones.

Arizmendiarrieta dejó otra máxima que me parece extraordinariamente actual:

“Lo social debe acreditarse por lo económico no menos que lo económico debe autentificarse por lo social”.

José María Arizmendiarrieta – Pensamiento nº 8.

No creo que su propuesta consistiera en elegir entre empresa competitiva o empresa humana.

Precisamente intentó construir organizaciones capaces de conjugar ambas dimensiones. La conmemoración de 2026 recupera esa idea de empresa humanista compatible con competitividad y eficiencia, no enfrentada a ellas.

En seguridad y salud ocurre algo parecido. Una buena cultura preventiva no debería necesitar elegir continuamente entre trabajar y trabajar seguro.

El verdadero reto es diseñar organizaciones en las que hacer bien el trabajo incluya hacerlo de manera segura y saludable.

Porque cuando producción y seguridad aparecen continuamente como dos intereses enfrentados probablemente tenemos un problema de diseño organizativo.

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¿Y la eficiencia?

También aquí Arizmendiarrieta dejó una advertencia bastante directa:

“La eficiencia por la eficiencia no es sinónimo de humanismo”.

José María. Arizmendiarrieta – Pensamiento nº 543.

Podríamos trasladarla al mundo actual. La productividad por la productividad tampoco garantiza un buen trabajo. La digitalización por la digitalización no garantiza un buen trabajo. La automatización por la automatización no garantiza un buen trabajo.

Y añadiría algo desde nuestra perspectiva: la prevención por la prevención tampoco garantiza un buen trabajo.

Podemos producir procedimientos, evaluaciones, inspecciones, indicadores, campañas y horas de formación y, sin embargo, no conseguir modificar aquello que realmente determina las condiciones en las que las personas trabajan.

Por eso la cultura preventiva no debería medirse exclusivamente por la cantidad de actividad preventiva que generamos.

Deberíamos preguntarnos si nuestra manera de dirigir, diseñar y gestionar hace más probable que las personas puedan realizar un trabajo bien hecho, seguro y saludable.

Algunas preguntas para saber si realmente ponemos a las personas en el centro

Te propongo un pequeño ejercicio. Piensa en tu organización e intenta responder a estas preguntas:

  1. Cuando tomamos decisiones relevantes de negocio, analizamos previamente cómo pueden afectar a la seguridad y salud de las personas?
  2. ¿Compras, Ingeniería, Producción, Mantenimiento, Recursos Humanos o Comercial conocen cómo sus decisiones pueden generar o reducir riesgos?
  3. ¿Las personas que realizan el trabajo participan antes de tomar decisiones que modificarán sus condiciones de trabajo o únicamente son informadas después?
  4. ¿Nuestros mandos entienden la seguridad y salud como parte de su responsabilidad de gestión o como responsabilidad del Servicio de Prevención?
  5. Cuando aparecen tensiones entre producción, plazo, coste y seguridad ¿tenemos criterios claros para decidir?
  6. ¿Los objetivos e indicadores que utilizamos son coherentes con aquello que decimos que es importante?
  7. ¿Preguntamos suficientemente a las personas qué necesitan para poder hacer bien y de forma segura su trabajo?

Las respuestas probablemente nos dirán bastante más sobre nuestra cultura preventiva que muchos carteles con el lema “las personas son lo primero”.

Del discurso a las decisiones

Hay una última idea que me gustaría dejar.

Poner a las personas en el centro no significa que todas las decisiones sean fáciles ni que siempre podamos satisfacer todas las necesidades individuales.

Una empresa necesita resultados, eficiencia, competitividad, adaptación, innovación y sostenibilidad económica. Arizmendiarrieta lo sabía perfectamente.

Pero precisamente por eso su pensamiento sigue resultando interesante 50 años después: porque no planteaba el humanismo como una declaración separada de la gestión empresarial. Intentaba incorporarlo a la manera de organizar la empresa.

Y quizá ahí encontremos también una buena definición de integración de la seguridad y salud.

No consiste en que la prevención esté presente en todas las reuniones. Consiste en que la seguridad, la salud y el bienestar estén presentes en las decisiones, aunque Prevención no esté en la sala.

Eso, para mí, es empezar a poner realmente a las personas en el centro. ¿Seguro que lo estamos haciendo?

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En Osarten acompañamos a las organizaciones para integrar la Seguridad y Salud en el Trabajo en la gestión diaria.

Analizamos conjuntamente cómo las decisiones que se toman en diferentes funciones —Dirección, línea de mando, Compras, Producción, Recursos Humanos, Mantenimiento u otras áreas— pueden influir en la seguridad y salud de las personas y ayudamos a definir las prácticas necesarias para incorporar esa mirada preventiva al día a día.

El acompañamiento puede incluir sensibilización de dirección y línea de mando, revisión de procedimientos del sistema de gestión, definición de prácticas de integración y capacitación de las personas que intervienen en actividades preventivas, trabajando posteriormente en la generación de hábitos y rituales que permitan consolidarlas.

Porque integrar la prevención no consiste en conseguir que el Servicio de Prevención haga más. Consiste en conseguir que toda la organización gestione mejor. Si te interesa profundizar en este enfoque o conocer cómo trabajamos, estaremos encantados de conversar contigo:

Igor López
iglopez@osarten.com | 619 288 048

Patricia González
pgonzalez@osarten.com | 634 855 245

 

Para saber más:

Fundación Arizmendiarrieta: https://arizmendiarrietafundazioa.org/

Imágenes: pexels & pixbay

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