Cultura preventiva y reciprocidad

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La reciprocidad es una de las reglas de influencia y persuasión estudiadas por Robert Cialdini (1). Vamos a ver cómo influye el principio de reciprocidad en la promoción de la seguridad y salud en el trabajo y la cultura preventiva.

Reciprocidad y compañerismo

Según el «principio de reciprocidad» debemos tratar de corresponder a lo que otra persona nos proporcione. Si una persona nos hace un favor, debemos hacerle otro a cambio. Además, no es necesario que la persona previamente nos haya pedido el favor. La reciprocidad funciona incluso con favores no pedidos, cuando hacemos algo o damos algo a alguien, ese alguien siente que esta en deuda y tenderá a devolver el favor o atender la petición que se formule.

En el ámbito laboral, esto puede parecer compañerismo, aunque hay una diferencia importante.

Cuando hablamos de compañerismo hacemos referencia a una «relación amistosa, de colaboración y solidaridad entre compañeros». El tono de la relación personal es positivo, amistoso, solidario. Si nos fijamos en la seguridad y salud en el trabajo, no conozco ninguna persona, ni a nivel de operarios ni de línea de mando, que “desee” sufrir una pérdida de salud, ni que un compañero de trabajo tenga un accidente.

En contraste, el principio de reciprocidad como forma de persuasión e influencia opera con independencia de la relación que exista entre las personas implicadas. No es necesario que exista una relación amistosa, aunque si se da, la reciprocidad gana en intensidad.

En ocasiones, la relación entre los profesionales de seguridad y salud y otras funciones de la empresa (mandos, trabajadores, delegados de prevención, etc.) puede ser más o menos complicada, en función de la existencia de conflicto entre los intereses de cada persona. En estos casos, la regla de reciprocidad puede resultar útil para influir en los comportamientos y decisiones seguros y saludables del interlocutor.

Son varios los autores que sostienen que esta “regla” de reciprocidad se cumple en todas las culturas. El arqueólogo Richard Leakey sostiene que la esencia que nos hace humanos es el sistema de reciprocidad (2).

La reciprocidad cumple una función social adaptativa. Favorece el desarrollo de relaciones de reciprocidad entre personas, de forma que un individuo puede iniciar una relación con otro sin miedo a perder. Esta función social se construye sobre tres pilares:

  • Una obligación de dar,
  • Una obligación de recibir, y
  • Una obligación de corresponder.

La influencia de la reciprocidad pasaría a ser manipulación cuando se aplique en beneficio propio y detrimento del beneficio de los demás y cuando el “intercambio de favores” sea decididamente poco equitativo.

Reciprocidad y cultura preventiva

Algunos antropólogos (3) consideran que esta red de endeudamientos o reciprocidades es un mecanismo adaptativo de los seres humanos que permiten la división del trabajo, el intercambio de bienes y servicios y la interdependencia.  Aquellas organizaciones, que sigan como modelo de desarrollo de cultura preventiva la curva de Bradley, pueden analizar cómo funciona la reciprocidad en aras de alcanzar la cultura de seguridad interdependiente, la cultura más evolucionada.

El modelo de desarrollo de cultura preventiva de Osarten apuesta por el desarrollo del autocuidado como característica de una cultura preventiva proactiva y del cuidado de los demás en una cultura preventiva generativa.

Evolución de la cultura preventiva

El principio de reciprocidad no se limita a las personas que están implicadas en el acto de dar y recibir ayuda, en el acto de cuidar de los demás y recibir dicha atención. Son de aplicación a los miembros de los grupos a los que pertenecen esas personas (departamentos, secciones, relevos, equipos,…).

Reciprocidad aplicada a la conversación

Cialdini sostiene que las personas antipáticas pueden aumentar la probabilidad de que hagamos lo que desean simplemente por el hecho de que nos hagan previamente un pequeño favor. Ni que decir tiene, en el caso de las personas con las que mantengamos una relación correcta o positiva.

En ocasiones cuando una persona nos da las gracias por algo que hemos hecho por ella, por su seguridad y salud, podemos tener la tendencia a restarle importancia con una expresión del tipo “cualquier persona lo habría hecho”. Esto puede hacer que el lenguaje trivial reste importancia al favor realizado, perdiendo así el poder de influencia mediante el principio de reciprocidad. Cialdini recomienda conservar esa influencia empleando una expresión del tipo “si la situación fuese al revés, sé que habrías hecho lo mismo por mí”.

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Campañas de cultura preventiva, obsequios y reciprocidad

En algunas ocasiones se realizan campañas de comunicación para hacer visible la importancia que se le quiere dar a la seguridad y salud en el trabajo. Es frecuente que dichas campañas se articulen entorno a diferentes lemas, apoyados en diversos soportes: carteles, trípticos, folletos, pegatinas, chapas, pines, tótems… y obsequios. Pequeños reglaos como tazas, termos, bolígrafos o camisetas que muestran la campaña y actúan como recordatorio.

La eficacia de estos obsequios es discutida por algunos profesionales de la seguridad. Sin embargo, los expertos en ventas han comprobado que después de que se les ofrezca un regalo, los clientes están más dispuestos a comprar un producto o acceder a una petición. Este impacto del obsequio suele ser mayor cuanto más customizado o más adaptado está a las necesidades del receptor.

Quizá algo de esto, también pueda estar operando cuando damos a las personas “merchandising” de seguridad con lemas para el desarrollo de cultura preventiva.

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Además de lo anterior, la regla de reciprocidad está presente en muchas situaciones de relación interpersonal en las que no se da un intercambio comercial o económico. El principio de reciprocidad aplicado a la seguridad y salud consiste en que en las relaciones laborales intercambiemos recíprocamente la oportunidad de autocuidado y de cuidado de los demás. Podríamos decir que intercambiaríamos la disposición a dar al otro lo que el otro necesita, cuando lo necesita. Darle reconocimiento cuando realiza un comportamiento seguro de forma que se refuerce dicha actuación; restarle ayuda y sacarle de una situación de peligro cuando voluntaria o inadvertidamente se encuentra sometido a un riesgo; estar dispuesto a recibir el consejo y el asesoramiento para poder realizar la tarea de forma segura y saludable, etc.

La reciprocidad en el autocuidado y el cuidado de los demás forman parte de un “toma y daca” que facilita la adaptación de las personas para realizar las tareas que tenemos encomendadas, en condiciones de seguridad y sin afectación a la salud.

 

Para saber más:

(1) Cialdini, Robert B. Influencia, la psicología de la persuasión. 2022. Harper Collins.

(2) Leakey, R. y R. Lewin, People of the lake, Anchor/Doubleday, Nueva York 1978.

(3) Tiger, L. y R. Fox, The imperial animal, Holt, Nueva York 1989.

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