La cultura preventiva suele asociarse a entornos industriales o tareas con riesgos evidentes. Sin embargo, las oficinas también generan riesgos que influyen en la salud, el bienestar y el rendimiento. Construir cultura preventiva en estos espacios exige aprender a reconocer peligros que muchas veces pasan desapercibidos. Leer más
Este es el primero de dos posts que he dedicado a aportar información de primera mano sobre algunas cuestiones que están relacionadas con Frank Bird, su famosa “pirámide de proporciones”, y el Control de Pérdidas, sobre lo que hace tiempo estaba pensando en escribir.
Mis primeros años de trabajo en el campo de la seguridad y salud laboral, estuvieron influidos de una forma decisiva por la metodología del Loss Control (Control de Pérdidas). Yo trabajaba en la Asociación para la Prevención de Accidentes (APA), y en esos años APA era delegada en España del International Loss ControI Institute (ILCI) de Atlanta, propietaria en ese momento de dicho programa (en la actualidad es propiedad de DNV).
Pude conocer en profundidad el Control de Pérdidas, ya que me certifiqué, como auditor del Sistema de Clasificación Internacional de Seguridad y Salud (SCISS). Que auditaba los Sistemas de Gestión de Seguridad y Salud y en concreto los 20 elementos del programa del Control de Pérdidas. Se llamaba coloquialmente el de las 5 estrellas, porque otorgaba un nivel de cumplimiento en número de estrellas.
Este conocimiento de los postulados e investigaciones que configuraron el Control de Pérdidas hace que algunas veces me retuerza un poco en mi asiento cuando leo algunas cosas que creo no le hacen justicia. Sobre todo en las sesudas discusiones que suele haber sobre Safety I, II, III, … y dónde se sitúa el Control de Pérdidas en relación a uno de estos enfoques. Discusiones que me parecen necesarias y llevan a la reflexión sobre nuestro trabajo, y cómo mejorar, teniendo en cuenta la evolución de la seguridad y salud, la cultura, el liderazgo y la gestión organizacional. Pero “al César lo que es del César”. Leer más
Hay dos tipos de actividades, o prácticas preventivas, que a menudo tienden a unificarse, con la idea de llevarlas a la práctica de forma simultánea, como si de una única actividad se tratase.
Una de ellas es lo que llamamos inspecciones de seguridad, que en según que organizaciones y que idioma, suelen llamarse de distintas maneras. Safety walk, auditorias de condiciones físicas, paseos de seguridad, etc.
La otra tiene que ver con las observaciones, desde el punto de vista de la seguridad y salud, de las personas trabajadoras realizando sus tareas. También suelen ser nombradas de formas diferentes como observaciones planeadas, preventivas, de seguridad, de trabajo, de SBC, de BBS, etc.
No es que no valore el hecho de unificar las gestiones, siempre que sea más eficaz, si no que en este caso, los objetivos y recursos a desplegar, en una y otra actividad no son los mismos.
Hace algunos posts hablábamos de las competencias para los comportamientos seguros y las relacionábamos con los factores que influyen en la “elección” de comportamientos inseguros. Los mandos directos (jefes/as de equipo, de relevo, supervisores/as, etc.), al tener una relación estrecha con sus colaboradores, tienen un papel muy importante a la hora de demostrar la prioridad que otorgan a la Seguridad y Salud en el Trabajo. Leer más
En la práctica, hay diferentes integraciones de la Prevención. Algunas resuelven el “marrón” de la prevención y otras atienden a la necesidad de integrar la PRL para garantizar la seguridad y salud de las personas en el trabajo. La herramienta para la “integración” de la PRL que se plantea es el «plan de prevención de riesgos laborales». Leer más
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