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Biblioteca de Cultura Preventiva (8): Changing the Workplace Safety Culture, de Ron C. McKinnon

Osarten Cultura Preventiva

En los últimos años se habla mucho de cultura preventiva. A veces demasiado. Se habla de ella como si fuera un programa, una campaña, una encuesta de clima o un conjunto de comportamientos observables. Sin embargo, Ron McKinnon plantea algo bastante más incómodo: la cultura preventiva no cambia porque las personas “quieran comportarse mejor”, sino porque la organización modifica la forma en la que dirige, prioriza, organiza y controla el trabajo.

Ese es probablemente el eje principal de este libro.

La Ficha

Título  Changing the Workplace Safety Culture
Autor Ron C. McKinnon
Año 2014
Editorial CRC Press
ISBN 978-1-4665-6769-6
Notas: El libro tiene 241 páginas y combina fundamentos históricos, principios de gestión de seguridad, análisis cultural y casos prácticos de transformación en minería e industria pesada.

McKinnon cuestiona abiertamente parte del enfoque clásico de la seguridad basada exclusivamente en el comportamiento. No niega que el comportamiento influya, pero sostiene que centrar la explicación de los accidentes únicamente en las personas es simplificar demasiado el problema. Para el autor, los comportamientos son muchas veces una consecuencia del sistema de gestión, de las prioridades operativas, del liderazgo y de las condiciones reales del trabajo.

De hecho, una de las frases más interesantes del libro aparece muy pronto:

“Safety culture is how the organization behaves with respect to safety when no one is watching.”

(La cultura preventiva es como se comporta una organización en relación con la seguridad cuando nadie está mirando)

Es decir, la cultura preventiva sería algo así como la personalidad preventiva real de la organización. No la declarada. No la que aparece en los carteles. La auténtica.

La cultura preventiva no empieza en el trabajador

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es que desplaza el foco desde el trabajador hacia la estructura organizativa.

McKinnon insiste en que muchas organizaciones siguen manteniendo una cultura histórica de culpabilización. Una cultura que viene de muy atrás y que todavía hoy se refleja en frases como:

  • “El trabajador no siguió el procedimiento”.
  • “Se despistó”.
  • “Cometió un error humano”.
  • “No tuvo cuidado”.

El libro dedica bastante espacio a explicar cómo históricamente la seguridad se desarrolló bajo modelos donde el trabajador asumía prácticamente toda la responsabilidad del daño. Desde las doctrinas legales de “asunción del riesgo” hasta enfoques modernos donde el accidente sigue interpretándose como un fallo individual.

En ese sentido, el planteamiento conecta bastante con autores como Todd Conklin o Sidney Dekker cuando hablan de cultura justa y de la necesidad de comprender el contexto del trabajo antes de buscar culpables.

McKinnon llega incluso a afirmar que muchas organizaciones continúan funcionando bajo una “cultura del miedo”. Una cultura donde:

  • las personas ocultan incidentes,
  • los accidentes se infradeclaran,
  • existe temor a las consecuencias,
  • y la seguridad termina convirtiéndose en una actividad defensiva.

Especialmente interesante resulta su crítica a algunos sistemas de incentivos basados en “cero accidentes”, porque pueden favorecer el ocultamiento de lesiones y generar presión social para no reportar.

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Seguridad como valor… o como discurso

El libro también cuestiona otro mantra habitual: “la seguridad es lo primero”.

McKinnon considera que, en realidad, en la mayoría de organizaciones lo primero sigue siendo la producción, los resultados, los costes o los plazos. Y probablemente no le falte razón.

Su planteamiento no es ingenuo. No propone negar las tensiones productivas reales del trabajo. Lo que plantea es que la seguridad debe integrarse en la forma de gestionar el negocio, en lugar de funcionar como un añadido periférico.

Porque cuando la prevención se vive como algo separado de la operación:

  • se convierte en burocracia,
  • se percibe como obstáculo,
  • y termina dependiendo únicamente de la vigilancia o del cumplimiento formal.

En cambio, cuando la seguridad forma parte de las decisiones operativas reales, de la planificación y de la gestión diaria, empieza a consolidarse una cultura preventiva más madura.

Un enfoque muy orientado a sistemas de gestión

Hay un aspecto importante que conviene señalar.

Este no es un libro especialmente “romántico” sobre cultura preventiva. No se centra tanto en dinámicas psicológicas profundas, conversaciones de liderazgo o neurociencia aplicada al comportamiento.

El enfoque de McKinnon es muy operativo y muy estructurado.

Gran parte del libro gira alrededor de:

  • liderazgo visible,
  • sistemas de gestión,
  • auditorías,
  • responsabilidades,
  • indicadores,
  • estándares,
  • análisis de riesgos,
  • investigación de incidentes,
  • participación,
  • formación,
  • rendición de cuentas,
  • y seguimiento sistemático.

De hecho, el autor insiste continuamente en la necesidad de implantar sistemas de gestión de seguridad sólidos, integrados y mantenidos en el tiempo.

Eso puede ser visto como una fortaleza o como una limitación, dependiendo de cómo se interprete.

Por un lado, el libro aterriza la cultura preventiva en prácticas organizativas concretas y evita quedarse en conceptos abstractos.

Por otro, algunos lectores pueden echar en falta una mirada más actual sobre complejidad, variabilidad humana, seguridad psicológica o aprendizaje organizacional.

Especialmente porque el libro mantiene todavía una estructura bastante clásica de gestión de seguridad.

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El gran valor del libro: conectar cultura y gestión

Aun así, probablemente el mayor valor de la obra está en conectar cultura preventiva y gestión organizacional.

Porque muchas veces hablamos de cultura como si fuera algo etéreo, cuando en realidad la cultura también se construye desde:

  • lo que se mide,
  • lo que se tolera,
  • lo que se recompensa,
  • lo que se investiga,
  • lo que se prioriza,
  • y cómo reaccionan los líderes ante los problemas.

McKinnon insiste mucho en algo fundamental: las personas observan continuamente las decisiones reales de la organización.

No sólo escuchan discursos.

Observan:

  • qué ocurre cuando alguien para un trabajo,
  • qué sucede cuando aparece un retraso,
  • cómo se reacciona ante un incidente,
  • qué peso tiene la producción frente a la seguridad,
  • y si los mandos realmente actúan de acuerdo con lo que dicen.

Ahí es donde realmente se modela la cultura preventiva.

Investigación de accidentes: más allá del trámite

Otro punto especialmente interesante es su planteamiento sobre investigación de accidentes e incidentes.

McKinnon defiende que investigar no debería consistir simplemente en encontrar “el error” o rellenar un informe. La investigación debería servir para:

  • comprender debilidades sistémicas,
  • detectar riesgos latentes,
  • aprender organizacionalmente,
  • y mejorar el sistema.

En ese sentido, conecta bastante con enfoques más actuales de aprendizaje organizacional y Safety Differently.

Especialmente relevante resulta la importancia que otorga a los near miss o incidentes sin daño. El autor considera que el aprendizaje preventivo real depende en gran medida de la capacidad de la organización para detectar señales débiles antes de que aparezca el daño grave.

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Un libro especialmente útil para…

Creo que este libro puede resultar especialmente útil para:

  • responsables de seguridad y salud,
  • mandos intermedios,
  • directivos,
  • técnicos de prevención,
  • responsables de operaciones,
  • y organizaciones que están intentando evolucionar desde una prevención reactiva hacia una cultura preventiva más integrada.

Especialmente para aquellas organizaciones donde todavía:

  • la seguridad depende exclusivamente del departamento de PRL,
  • predominan enfoques de culpabilización,
  • las investigaciones son superficiales,
  • la participación es baja,
  • o la prevención funciona separada del negocio.

Algunas limitaciones

Aunque el libro tiene mucho valor, también creo que conviene leerlo con mirada crítica.

Hay partes que reflejan claramente una visión muy vinculada a los sistemas clásicos de gestión y al contexto industrial pesado.

En algunos momentos:

  • se percibe una estructura excesivamente procedimental,
  • aparecen planteamientos muy centrados en auditoría y control,
  • y faltan referencias a conceptos más recientes sobre complejidad organizacional, factores humanos contemporáneos o resiliencia.

Además, aunque critica ciertos enfoques conductuales simplistas, en algunos apartados todavía mantiene cierta lógica de control del comportamiento.

No obstante, sería injusto analizar el libro sin tener en cuenta el contexto temporal en el que fue escrito y el enorme valor que aporta al conectar seguridad, liderazgo y sistema organizativo.

Reflexión final

Uno de los mensajes más potentes del libro probablemente sea este:

La cultura preventiva no se construye principalmente con slogans, campañas o carteles.

Se construye con decisiones.

Con decisiones que las personas observan todos los días.

La forma en que se investiga un incidente. La forma en que se responde a un error. La forma en que se prioriza la producción. La forma en que lideran los mandos. La forma en que se escucha. La forma en que se aprende.

Y quizá ahí esté una de las grandes aportaciones de McKinnon.

Recordarnos que la cultura preventiva no es un departamento, ni una campaña, ni una certificación.

Es la manera real en que una organización funciona cuando nadie está mirando.

 

Si trabajas en cultura preventiva y seguridad organizacional, este libro merece la pena. Especialmente si se complementa con lecturas más actuales sobre factores humanos, aprendizaje organizacional, seguridad psicológica o complejidad.

Porque probablemente la evolución de la prevención no está en elegir entre sistemas, comportamiento o cultura.

Sino en entender cómo interactúan todos ellos.

 

Imágenes: pixabay

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